1 de marzo de 2016

LISBOA



La ciudad de las siete colinas y tierra de grandes conquistadores,  de inacabables cuestas y aspecto decadente, de los tranvías amarillos y elevadores, pero sobretodo de la rica gastronomía y sus fados melancólicos.

Así y mucho más es Lisboa, nuestro vecino europeo y muchas veces una de las grandes olvidadas que nada tiene que envidiar al resto y que a pesar de su estado decadente, nostálgico y a veces triste, merece la pena una visita. 



FICHA TÉCNICA DEL VIAJE

FECHA: Enero 2.016

DÍAS: 4

DOCUMENTACIÓN NECESARIA

DNI

Pasaporte con mínimo 6 meses de validez, aunque para ciudadanos de la Unión Europea no hace falta.

OTROS DATOS DE INTERÉS

IDIOMA: Se habla el portugués, aunque en la mayoría de lugares entienden el español perfectamente.

MONEDA: La moneda es el Euro, escrito €.

TARJETAS: Se acepta el pago con tarjetas en cualquier lugar, aunque la mayoría prefieren efectivo. No hay problemas para sacar dinero en cajeros automáticos.

GUIA DE VIAJE: Como siempre será la guía Lonely Planet, en este caso la guia "De Cerca" de Lisboa.

TELEFONO: Hay cobertura de teléfono en todo el país, aunque conviene tener contratado el roaming.

INTERNET: Prácticamente en cualquier lugar hay locales para conectarse y en la mayoría de alojamientos disponen de wifi gratuito.

SEGURIDAD: País 100% seguro, aunque siempre hay que ir con precaución y con sentido común.

VACUNAS: No hay ninguna vacuna obligatoria.

ELECTRICIDAD: El voltaje es de 230 V y no hace falta adaptador para los enchufes.

DIFERENCIA HORARIA: - 1 hora respecto a España.

RELIGIÓN: Mayoritariamente católicos.

PRESUPUESTO DEL VIAJE

DESGLOSE DEL PRESUPUESTO                                              IMPORTE

VUELO Oporto - Lisboa - Oporto con Ryanair                                                  17,50 €

ALOJAMIENTO                                                                                    60,00 €

TICKETS y TRANSPORTE                                                                                                28,40 €

OTROS (COMIDAS, COMPRAS, GASTOS PERSONALES,..)                              66,00 €

Total Presupuesto por Persona                                               171,90 €

EL ITINERARIO DEL VIAJE



























TRANSPORTE



El metro de Lisboa dispone de 4 líneas diferentes y un total de 55 estaciones. La mejor forma de moverse por la ciudad es caminando, aunque hay trayectos que es imposible recorrerlos a pie como es el caso del trayecto al/desde el Aeroporto da Portela, un gran aeropuerto ubicado en la población de Portela de Sacavém, y dónde tiene su hub la compañía nacional, TAP Portugal. Para llegar al centro de la ciudad lo mejor es coger el metro, saliendo de la terminal de llegadas y justo a la izquierda se camina hasta el final de la terminal y encontramos el edificio, dónde encontraremos debidamente señalizado la estación de metro. Antes de subir al metro hay que sacar el ticket en las máquinas automáticas, decidiendo si queremos un billete simple para llegar a la ciudad (1,40 €) o bien vamos a seguir moviéndonos por la ciudad en transporte público, ya que en este caso la mejor opción es comprar la tarjeta de 24 horas sin límite de viajes, incluyendo todos los transportes en autobús y tranvía de la ciudad, y que cuesta 6 €. Sea cual sea tu opción, la primera vez que se compra un billete de transporte se carga en una tarjeta llamada Viva Viagem, y que automáticamente cuesta 0,50 €, que habrá que añadir al total del coste del billete (1,90 € el billete sencillo o 6,50 € por el transporte de 24 horas).

Una vez caducado tu título de transporte, con la misma tarjeta o billete lo puedes recargar en cualquier máquina expendedora en las estaciones o en cualquier ventanilla de la estación, aunque no todas las estaciones de metro disponen de ventanillas con trabajadores.

Mi opción a la llegada ha sido comprar un ticket normal que me ha costado 1,90 € (1,40 € + 0,50 €) sabiendo que durante el día de hoy voy a moverme por la ciudad a pie porque voy a llegar algo tarde a la ciudad y conoceré los puntos más importantes a partir del siguiente día, así que con un billete sencillo me es suficiente para el día de hoy. Muy importante a la hora de comprar en las máquinas el ticket es llevar dinero en efectivo, preferiblemente monedas o máximo billetes de 10 €, porque sino no os admitirán billetes más grandes (ni tan siquiera de 20 €), y solamente se puede pagar con tarjeta de crédito si es de algún banco portugués, así que las opciones son mínimas, ya que allí apenas hay nadie para cambiarle dinero.

El horario del metro es de 06h de la mañana a 01 de la noche, interrumpidamente.

ALOJAMIENTO




























Chez Nous Guest House. La mayor sorpresa del viaje ha sido reservar en este alojamiento, una de mis mejores experiencias viajeras de todo el mundo, ya que la calidad, trato y precio ha sido exquisito y no puedo más que recomendarlo a toda persona que quiera visitar la ciudad buscando las tres premisas más importantes de cualquier viajero, Bueno, Bonito y Barato. Reservado a través de Booking este B&B, que de guesthouse lo único que tiene es su precio, está ubicado en una zona tranquila (Barrio Alto), a tres minutos caminando de la Plaza Marqués de Pombal y con la parada de metro a un minuto, que es la estación Rato de la línea amarilla. La ubicación es perfecta si buscas tranquilidad y silencio por las noches, muy céntrica y te permite desplazarte a pie o en transporte público a cualquier punto de la ciudad. Aunque lo mejor del alojamiento son sus propietarias, Ana (portuguesa) y Gaelle (francesa), con un trato exquisito, muy amables y rozando la perfección, ya que se desviven y se esfuerzan para que te sientas agusto en todo momento dentro de sus instalaciones, con una simpatía, atención personal y turística que no encuentras en ningún alojamiento de cinco estrellas, dejando de ser un turista más y convirtiéndote en uno más de la familia desde el preciso momento que pones un pie en sus instalaciones.

Disponen de diferentes tipos de habitaciones, cada una con el nombre de un barrio de la ciudad (a mi me tocó la habitación GRAÇA), habitación individual muy cómoda, amplia y con mucha luz, con buen gusto para el diseño, la decoración y el mobiliario de las habitaciones, están súper limpias y con todo tipo de amenities, desde zapatillas de estar por casa hasta un imán para la nevera, pasando por abundante información turística y mapas de la ciudad. La única pega por ponerle alguna es que los baños y las duchas son compartidas, pero no es ningún problema porque casi siempre están vacias y demasiado limpias, y disponen de muchas duchas con todo tipo de amenities, incluso secador de pelo. También disponen de cocina totalmente equipada y cafetera Nespresso a disposición de los clientes en cualquier momento del día. En los exteriores del edificio hay un supermercado en la esquina que siempre va bien para comprar cualquier cosa y que incluso está abierto hasta los domingos por la tarde, así como pequeños restaurantes y cafeterías para desayunar o hacer un tentempié en cualquier momento del día, y a precios muy económicos.

Habitación individual, sin desayuno y con wifi potente que llega a cualquier rincón de la casa, me ha costado 20 € al día, así que ha sido una forma económica de alojarme y de estar muy cómodo. El último día me guardaron mi equipaje sin ningún problema ya que mi vuelo salía por la noche, y me dejaron las llaves del edificio para entrar y salir cuando quisiera, incluso habiendo realizado el check out por la mañana. Súper recomendable si vas a visitar Lisboa y no quieres gastarte mucho dinero y quieres estar mejor que en un hotel de cinco estrellas. De los mejores lugares dónde me he alojado después de pernoctar en muchos alojamientos alrededor del mundo.

Y sobretodo dejar claro que esto es una recomendación personal en base a mi experiencia vivida, ya que yo no me llevo comisión de ningún tipo ni es un link de afiliación (como muchos otros blogs), ya que este humilde blog no está ni nunca estará monetizado, y todas las recomendaciones o críticas vertidas en este blog serán siempre reflejadas bajo mi experiencia personal.

LO MEJOR DEL VIAJE

* Lo fácil que resulta ubicarse y recorrer la ciudad y los lugares más turisticos, ya sea utilizando el transporte público o a pie.

* La rica gastronomía del país, ya que para los amantes del pescado, los vinos y los dulces es el país ideal para hacerlo, y es que pidas el plato que pidas aún corriendo el riesgo de equivocarte, va a ser un acierto seguro porque toda la gastronomía portuguesa está exquisita.

* Poder visitar un país europeo con precios muy económicos, tanto en transporte, entradas a lugares turisticos como en la comida (excepto en souvenirs), y es que se agradece muchísimo para los tiempos tan duros que vivimos hoy en día y es una buena forma de fomentar el turismo del país.

* Poder visitar la ciudad en estas fechas sin esas aglomeraciones de turistas que apenas te dejan hacer fotos en condiciones, y que he sufrido personalmente en otras épocas del año.

* Poder contemplar la ciudad desde cualquiera de sus miradores públicos, sobretodo al atardecer, es uno de los mayores placeres que se puede sentir en Lisboa y que recomiendo a todo el mundo.

* Poder viajar y visitar un destino que tenía en mente desde hacia muchos años pero que nunca encontraba los precios y horarios ideales para visitarlo, pero gracias a las promociones y precios de Ryanair, y a pesar de no ser muy fan de las compañías low cost, he podido saldar mi cuenta pendiente con esta bonita ciudad.

LO PEOR DEL VIAJE

* El estado de los edificios y lugares emblemáticos de la ciudad, y aunque digan que la ciudad tiene un aire nostálgico y decadente (saúde) que la hace muy particular y muy atractiva, a mi me parece que ese aire ruinoso, sus fachadas añejas y esas calles llenas de porquería y basura le resta puntos para ser visitada por más turistas, y que deberían invertir en más medios para rehabilitar edificaciones que cualquier día se caen abajo o se desploman.

* El transporte público de la ciudad, que a pesar de estar en muy buen estado y funcionar de maravilla, las frecuencias de paso entre ellas son prácticamente cada 10 minutos y a veces sale más a cuenta llegar andando, y sin pasar por alto el problema que tienen con los billetes más grandes de 10 € que no aceptan en ningún sitio y que muchas veces es desesperante y que dan ganas de colarse antes que conseguir cambio.

* Las malditas calles adoquinadas y cuestas que hay en la ciudad, sobretodo en el barrio de Alfama, son muy bonitas, bohemias, románticas y todo lo que quieras pero cuando llevas días enteros pateando la ciudad y acumulando cansancio, de cada vez se te hace más cuesta arriba (nunca mejor dicho)!!

* No disponer de un día más como mínimo para poder visitar las poblaciones cercanas de Sintra o Estoril, perfectamente abarcables en un día moviendose en tren, y de las más bonitas de todo Portugal.

Y con todo explicado, partimos hacia Lisboa!!


DÍA 1.- OPORTO - LISBOA

Hoy no he tenido que madrugar mucho, e incluso me he propuesto realizar las actividades que tenía previstas en mi visita a Oporto, así que una vez aterrizado en Lisboa a las 15h sin ningún contratiempo, he cogido el metro desde el aeropuerto después de pagar 1,90 € por mi billete, y unas cuantas estaciones después he abandonado la línea roja y he realizado un trasbordo a la línea amarilla en la estación de Saldanha (con el mismo billete de metro y sin salir de la estación), y tres paradas después me he bajado en el final de la línea amarilla, en la estación de Rato, dónde solamente he tenido que continuar la avenida en dirección a la Praça Marqués de Pombal y la primera calle girar a la derecha ya se encontraba mi alojamiento, dónde me han recibido exquisitamente y me han dado abundante recomendaciones e información sobre la ciudad.

Aunque me he entretenido con las chicas más de la cuenta y en esta época del año anochece sobre las 17:45h, sobre las 17h de la tarde y siguiendo las recomendaciones que me han dado, me dirijo caminando al Miradouro de Sao Pedro de Alcántara, en un bonito paseo de no más de 10 minutos desde mi alojamiento y ubicado en el Barrio Alto, dónde podremos tener unas vistas espectaculares del barrio de La Baixa, el Tajo, Alfama y de la Colina del Castillo de San Jorge, vivir un maravilloso atardecer desde allí arriba y hacerme una primera idea de lo mucho que ofrece la ciudad de Lisboa.













Espero pacientemente allí sentado en una terracita del mirador mientras me tomo una cerveza relajadamente mientras escucho a un grupo de música tocando allí, contemplando las maravillosas vistas de la ciudad, como va cayendo la tarde y pensando en lo mucho que me va a gustar esta tranquila ciudad.

Una vez que es noche cerrada ya empieza a hacer bastante frio, y a medida que voy bajando de nuevo por el mismo camino que me ha traido hasta aquí, y al tratarse de viernes por la tarde ya voy observando como la gente va quedando para ir a cenar o tomarse unas copas, y el barrio está muy animado. Yo decido hacer un poco más de tiempo para cenar y cuando llego a la altura de mi alojamiento decido seguir bajando hasta la avenida Marqués de Pombal, confiando en encontrar bastantes restaurantes dónde elegir para cenar, pero cuando llego la realidad es muy diferente, ya que al tratarse de una zona de oficinas cuando llega el fin de semana aquello está bastante solitario y cuesta mucho encontrar restaurantes, almenos para una persona recién llegada a la ciudad como yo, así que después de caminar un poco y meterme por sus calles, doy con un Burguer King, que aunque no soy muy amante de las cadenas de comida rápida, reconozco que muchas veces me ha sacado de más de un apuro, así que no dudo en entrar y quedarme allí a cenar (5,70 €).

Sobre las 20h me vuelvo dirección a mi alojamiento, ya que estoy un poco cansado y hace frio, y a partir de mañana quiero hincarle el diente a la ciudad, así que por el camino me paro en un supermercado de la cadena DIA que hay a apenas 100 metros del alojamiento y compro agua para esta noche y no puedo resistirme comprar un par de Natas (pastelito típico de Portugal parecido al Pasteis de Belém), que me servirá de postre para después de ducharme, y dónde la botella de agua de 1,5l y los dos pasteis me han costado la friolera de 0,90 €!! Me encantan los precios de este país!!

Una vez en mi alojamiento y después de una reconfortante ducha, me he tomado un cortado de càpsulas de la Nespresso del alojamiento junto con el postre, y una vez lavados los dientes y con la ruta clara para el día siguiente, toca irse a dormir, que me conozco y los próximos días serán movidos!

DÍA 2.- LISBOA

Hoy me he levantado a tope gracias a la comodidad del alojamiento, así que a las 08h de la mañana ya estaba saliendo por la puerta de mi habitación con la ilusión de recorrer cada palmo de Lisboa, pero lo primero es ir en busca de una de las varias cafeterías que hay bajando la avenida en dirección a Marqués de Pombal, y que a la postre sería la misma cafetería que pisaría durante toda mi estancia en la ciudad, la Pastelaria Coimbra, gracias a la amabilidad del personal, lo bueno que está todo y sobretodo, por sus buenos precios.





Si os soy sinceros yo no suelo desayunar casi nunca, pero hoy me ha podido más la gula que otra cosa porque me he visto negro para acabarme el croissant relleno de crema y la nata, junto con el delicioso café con leche, y digo delicioso porque el café en Portugal está muy bueno, y lo dice uno que no es nada cafetero.... finalmente y con mucha paciencia consigo acabarme el desayuno (mañana no voy a pedir tanto), pago los 2,80 € que me cuesta todo el desayuno, y me voy caminando hasta la estación de metro de Marqués de Pombal, dónde lo primero que hago es recargar mi tarjeta de transporte Viva Viagem con un abono de 24 horas por el módico precio de 6 €, ya que intuyo que hoy voy a coger algo más en transporte público de la ciudad.

La ciudad de Lisboa está perfectamente delimitada por diferentes barrios, cada cual con sus encantos y sus diferentes opciones para visitarla, así que lo mejor para visitar la ciudad es organizar un planning y visitar sus barrios por separado.



Desde aquí cojo la línea azul del metro hacia la estación Terreiro do Paço, dónde se llega a uno de los emblemas de la ciudad y unas de las plazas más bonitas del país, la Praça de Comércio (Plaza del Comercio), dónde estuvo siglos atrás ubicado el Palacio Real antes de su destrucción por el gran terremoto del año 1.755, dónde te recibe la estatua ecuestre del Rey José I.






En el lado norte de la Plaza del Comercio podemos encontrar el Arco da Rua Augusta, dando comienzo a una de las calles más importantes del barrio de La Baixa, la Rua Augusta, una calle comercial llena de restaurantes y tiendas de souvenirs que desemboca a otra de las plazas más bonitas de Lisboa, la Plaza do Rossio, ubicada a unos 800 metros.






Pero dejaré la visita a la Plaza del Rossio para otro momento y me dedicaré a visitar los lugares más cercanos a la Plaza del Comercio, y nada mejor que empezar la visita por el barrio más antiguo y más bonito de la ciudad, Alfama, antiguo barrio de pescadores.

La primera visita me llevará a la Casa dos Bicos, situada en la Rua dos Cabalhoeiros, frente al Tajo y llamada así por su característica fachada de piedras talladas en forma de puntas de diamantes (bicos), antiguo almacén de bacalao y que hoy en día es la sede de la Fundación José Saramago, el genial escritor portugués y dónde albergan las cenizas del escritor.

Actualmente ofrece exposiciones temporales y la entrada para su visita cuesta 3 €.


Sigo recorriendo los alrededores del barrio y empiezo a subir a través de sus calles serpenteantes y llenas de historia hasta llegar en un corto paseo a la iglesia más antigua e importante de la ciudad, la Catedral de la Sé, construcción románica del S. XII y una visita imprescindible durante tu estancia en Lisboa.

Os recuerdo que si no queréis caminar a través de sus empinadas cuestas, siempre podéis coger el tranvía número 28 que te deja casi en la misma puerta, pero reconozco que me gusta caminar para no perderme ningún rincón interesante de la ciudad, y además no quiero engañaros pero si en pleno mes de enero los tranvías ya van a tope de gente no quiero ni imaginarme como irán en cualquier otra época del año, así que como el día acompaña y hace una temperatura muy agradable, prefiero hacer las visitas caminando tranquilamente.





Una vez en la Catedral de la Sé hay que visitar su interior que es gratuita, pero sobretodo hay que visitar su bonito Claustro, la entrada cuesta 2,50 € y su horario es de 10h a 18h, y dentro de él podremos ver restos arqueológicos romanos, árabes y medievales. También es posible visitar el Tesoro de la Catedral, que son cuatro salas con reliquias antiguas, joyas y trajes de la época y que también cuesta 2,50 € la entrada, aunque yo solamente me he conformado con visitar el claustro absolutamente en solitario y sin turistas, cosa que se agradece.



















Después de visitar el claustro y aprovechando que ya se ha terminado la misa que estaban oficiando en la Catedral de la Sé y que muchos turistas han decidido marcharse y han despejado el interior, me dispongo a visitar tranquilamente la bonita Catedral de la Sé, una visita totalmente recomendable.











Finalizada mi visita vuelvo a salir de la catedral y numerosos tuk tuk se agolpan en la puerta y se ofrecen para guiarte a través de un tour por las callejuelas de Alfama, así que prefiero seguir caminando a mi aire y sigo subiendo hasta llegar poco después a uno de los tantos miradores que hay en la ciudad, esta vez toca contemplar las vistas desde el Miradour de Santa Luzia, quizás el más famoso de todo el barrio de Alfama aunque personalmente prefiero otros con mejores vistas, aunque este es bonito por su ubicación, por sus revestimientos de cerámica, y por su ambiente con algún músico callejero siempre tocando en cualquier momento del día.










Aprovecho para descansar un rato mientras me bebo una coca cola (1 €) contemplando las maravillosas vistas desde el Mirador de Santa Lucía, sin prisas, disfrutando de cada instante gracias a la agradable temperatura que nadie diría que sea propia del mes de enero.

Después de estar un rato allí decido continuar el camino, siempre caminando y sin rumbo fijo, lo bonito de visitar el bonito barrio de Alfama es perderse por sus calles estrechas sin mapa en mano, dónde seguramente al cabo de un rato aparezcas sin querer en el mismo punto dónde empezaste la ruta, así que no hay que preocuparse.

Dejando el Mirador de Santa Lucía, y subiendo un poco más llegamos al bonito Miradour das Portas do Sol, mucho más amplio y bonito, y sobretodo, lleno de gente pero con unas vistas estupendas, y pienso que mejor que el anterior, el único handycap que tiene es que las vistas no son completas porque en medio del mirador hay una terraza- restaurante y para acercarte allí debes entrar dentro del restaurante y consumir, que no va a ser mi caso porque justo acabo de consumir en el anterior y no me apetece hacerlo otra vez, así que si me sobra tiempo y vuelvo por Alfama antes de dejar Lisboa, intentaré contemplar las vistas desde la terraza del restaurante, sin nadie de gente y seguro que espectaculares.










Por toda esta zona se nota la afluencia de turistas y las tiendas de souvenirs, muchos no pasan de este punto y se conforman con estas vistas, pero yo decido seguir paseando tranquilamente mezclándome con la gente local del barrio, adentrándome por algunas calles que no tienen muy buena pinta por culpa del estado de sus fachadas, por la basura acumulada en algunos puntos y por el tipo de gente que me voy cruzando, aunque también es cierto que no me gusta juzgar a nadie por sus apariencias y no tuve ningún problema; quizá lo más chocante mientras recorría sus calles era ese olor característico a ropa mojada o suavizante que desprende de las ropas que están colgadas en los tendereros de las fachadas de las casas, y que en cierta manera no puedo evitar tener un halo de nostalgia al recordar nuestra querida Barceloneta.












Continúo paseando a través de sus calles empinadas, parece que no pero cuando llevas un rato caminando y te paras empiezas a notar el esfuerzo que supone subir por ellas, no me extraña que la mayoría de gente no le importe hacer cola o ir apretados dentro de un tranvía, porque la verdad es que se ahorran bastante trayecto, pero en cambio se pierden conocer la esencia y los rincones de este barrio tan precioso.

Llego a una gran plaza y en un lateral se encuentra quizás el rincón más bonito y maravilloso de la ciudad, y sin lugar a dudas mi rincón favorito de Lisboa, el Miradour da Graça (Mirador de Gracia), desde dónde se tienen unas vistas maravillosas del Castillo de San Jorge, el famoso Puente 25 de Abril, el Convento de Carmo o La Baixa, entre otros.












Un consejo muy importante es que todos los miradores de la ciudad de Lisboa disponen de cafeterías o terrazas para tomar algo, y en contra de lo que pueda parecer, los precios son muy razonables y nada que ver con la idea de nuestros chiringuitos de playa de nuestro país dónde normalmente suelen meternos una buena clavada, así que os recomiendo que os lo toméis con calma y os hidratéis lo máximo que podáis, ya que el esfuerzo que hacemos junto con el calor nos puede jugar una mala pasada, así que cuando la gente empezó a llegar al mirador para fotografiarse, yo aproveché para hacer un alto en el camino e hidratarme mientras me tomaba una cerveza, contemplando las maravillosas vistas y ojeando un poco la guia de viajes.

Es la hora de la comida y en el barrio de Alfama no hay problema para encontrar lugares bonitos para comer a precios muy razonables, aunque hoy al ser sábado se nota que hay bastante gente por todos los lados y empiezo con mi dilema de siempre en todos los viajes: Voy en busca de algún lugar para comer o termino de visitar el barrio y ya comeré cuando acabe? Además, hoy he desayunado bastante fuerte y todavía puedo aguantar un rato más, así que decido seguir visitando la zona hasta llegar al Panteón Nacional y al mercado Feira da Ladra, un mercadillo que se celebra solamente los martes y sábados, y aprovechando la cercanía he decidido visitarlo ya que me gusta el ambiente de los mercados de todos los países que visito, pero desgraciadamente tengo que decir que este de Lisboa me decepciona bastante, quizás iba con las espectativas muy altas pero no me acaba de convencer, dónde solamente se encuentran productos de segunda mano o de dudosa procedencia, por no decir que productos robados, por lo que decido deshacer mi camino y volver de nuevo hasta el Mirador de Graça.
















Decido dar por finalizada mi visita al barrio de La Alfama, sin duda lo más bonito de Lisboa y si me sobra tiempo antes de dejar Lisboa volveré en otro momento, así que ahora me resulta todo más fácil porque el camino es de bajada, mientras me voy parando a hacer fotos o contemplar alguna tienda curiosa que encuentro por el camino, hasta llegar de nuevo a la bonita Catedral de la Sé, con muchísima más gente que cuando la visité esta mañana bien pronto, así que aprovecho para visitar la Iglesia de San Antonio de Pádua, que se encuentra un poco más abajo.



















Ahora si que doy por finalizadas las visitas y voy bajando hasta La Baixa en busca de algún lugar para comer, ya que son más de las 15h de la tarde y el hambre aprieta, así que cojo la Rua Augusta en dirección a la Plaça do Rossio que está todo lleno de restaurantes turisticos, pero la verdad que ninguno me convence mucho, así que sigo caminando por las calles colindantes hasta que finalmente encuentro uno que me convence algo más, tanto por el trato, como por la variedad de la comida como por los precios, y es que ofrecen menús muy completos y variados por apenas 10 €, con café y postres incluidos y pudiendo elegir bastantes platos del menú, e incluso disponen de menús más económicos.

Como no podía ser de otra manera, soy apenas el único comensal dentro del restaurante, ya que son prácticamente las 16h de la tarde cuando empiezo a comer y este horario no es normal en Portugal, pero aún y así no me han puesto ninguna pega, y de los pocos comensales que hay comiendo prefieren hacerlo fuera en la terraza.






Por 9,90 € salgo bastante satisfecho de la comida y recomiendo bastante el local si queréis comer bien y no queréis gastaros mucho dinero en restaurantes turisticos, así que ahora toca intentar bajar la comida un poco, decido irme a pasear un poco por la Plaça do Rossio, una plaza muy bonita y muy animada llena de comercios y restaurantes, pero también un lugar donde hay que ir con precaución por los numerosos carteristas que hay en la zona y por toda la gente que no para de ofrecerte drogas.





Justo en la esquina de la Plaça do Rossio y enfrente de la estación de metro de Restauradores se encuentra la bonita estación de Rossio desde dónde parten los trenes para recorrer cualquier punto del país, siendo la población de Sintra el destino más común por el resto de viajeros para hacer una excursión de un día, y aunque mi intención era visitarlo durante mi estancia en la ciudad, finalmente no pudo ser por falta de tiempo.



Deshago mis pasos y me vuelvo dirección a la Plaza del Comercio a través de la Rua Augusta, pero por el camino decido visitar el Elevador de Santa Justa, una estructura de 45 metros de altura y que comunica La Baixa con el Barrio Alto de una forma más rápida y cómoda, aunque la verdad es que muy rápida no es porque siempre hay una gran cola de turistas esperando para subir, ya que el elevador solamente tiene una capacidad de 20 personas a la vez, y encima su precio es de 5 € que me parece una barbaridad, aunque lo bueno es que si tienes un bono de transporte en tu Viva Viagem no tienes que pagar nada porque viene incluido en el precio, aunque solamente un viaje al día.

Aunque lo mejor son sus vistas desde arriba del todo, aunque todavía existe un nivel un poco superior al que te deja el elevador pero hay que pagar 2 € más, pero pienso que no vale la pena porque las vistas son prácticamente las mismas.














Aprovechando que estoy arriba y en el inicio del Barrio Alto y Chiado, el barrio más bohemio y conocido como el "Montmartre" de la ciudad (las comparaciones son odiosas) mi idea es visitar el Convento do Carmo que está prácticamente al lado de dónde te deja el Elevador de Santa Justa, pero en estas fechas cierran a las 17:30h y no quiero pagar para hacer una visita express, así que intentaré volver en otro momento si tengo tiempo, y me limito a visitarlo solamente por fuera.






Sigo recorriendo las calles bohemias de Chiado, llena de vida con pequeñas tascas, gente paseando y comprando y con muchísimo ambiente, y es que se nota que hoy es sábado por la tarde y la gente sale a disfrutar. Sigo avanzando por la Rua Misericordia hasta llegar a la Praça Luis de Camoes, que marca la separación entre el Chiado y el Barrio Alto, pero sobretodo la plaza es conocida porque el 25 de Abril de 1.974 tuvo lugar aquí "La Revolución de los Claveles", el levantamiento militar que puso fin a la dictadura salazarista, instaurando así la democracia en Portugal.







La zona está muy llena de gente ya que es una zona muy comercial, con bonitos comercios, actuaciones callejeras, mimos y actividades varias. Justo aquí se encuentra la cafetería más famosa de todo el país, el Café A Brasileira, que data del año 1.905 y famoso por la estatuta del poeta portugués Fernando Pessoa en la terraza, a la que a estas horas es imposible hacerle una foto de toda la marabunta de gente que hay, así que me agobio un poco y decido buscar algo más tranquilo, y lo encuentro a escasos metros en la famosa librería Bertrand, una institución en la ciudad y que además hoy están celebrando en las calles aledañas un mercadillo de compra-venta de libros en el que no me puedo resistir visitar, aunque desgraciadamente todos los productos y artículos están en portugués.





Mientras visito la zona ya se me está haciendo de noche, momento que aprovecho para tomar un descanso en mis maltrechos pies en una cafetería cercana mientras degusto su maravillosa repostería, y un rato después decido dar por finalizadas mis visitas por el día de hoy, así que aprovecho para coger el metro en la estación de Chiado y volver hacia mi alojamiento, dónde aprovecho para comprar bebida en el supermercado de la esquina y a las 22h estoy entrando en mi habitación, 14 horas después de haber salido esta mañana por ella y bastante cansado.

Después de una reparadora ducha, poner a cargar los aparatos tecnológicos y conectarme un rato a internet para ponerme un poco al día, decido dar por finalizado este día tan intenso.

DÍA 3.- LISBOA

Empieza un nuevo día con buenas sensaciones y con energías renovadas gracias al buen descanso que he tenido esta noche, nada que ver con las dos noches anteriores en la habitación compartida de mi hostel de Oporto.

A las 08h de la mañana ya estoy saliendo por la puerta de mi alojamiento en busca de la cafetería para desayunar, pero cuando llego... está cerrada!! Hoy es domingo y no esperaba que cerraran, pero lo peor de todo es que no encuentro nada abierto por la zona para poder desayunar... así que tengo que poner remedio rápido si quiero empezar a ser persona por la mañana y lo primero que hago es recargar mi tarjeta Viva Viagem para 24 horas más (6 €) y coger el metro hasta la estación de Chiado, dónde mi intención es desayunar tranquilamente en el Café A Brasileira que está prácticamente desierto a estas horas, pero cuando entro y veo los precios que se cuecen allí dentro, hago un pensamiento y me replanteo la opción de desayunar allí, ya que me molesta y me duele bastante pagar por un café con leche 3,50 €, por muy bonito e histórico que sea el lugar, pero todavía tengo muy presente la clavada del Café Majestic de Oporto y no quiero volver a pasar por lo mismo, así que sigo caminando y aunque no es fácil encontrar muchas más opciones abiertas a estas horas, encuentro una bonita cafetería abierta prácticamente casi enfrente del Café A Brasileira, dónde no dudo en meterme al ver una mesa libre.




Aunque aquí el desayuno me ha costado algo más caro que el día anterior (3,20 €), los precios son más acordes y más razonables que el anterior local, así que cuando acabo de desayunar y aprovechando que a estas horas las calles están prácticamente vacias, vuelvo de nuevo al Café A Brasileira y hago tranquilamente las fotos de rigor que no pude hacer ayer por la tarde.








Vuelvo a coger el metro y en 5 minutos me planto en la Plaza del Comercio, dónde aprovecho para visitar la parte del rio Tajo tranquilamente, visitar la plazas detenidamente y justo dónde empieza la Rua Augusta y delante del Arco se encuentra la parada del tranvía, dónde después de esperar no más de 5 minutos tomo el tranvía número 15 que debe llevarme al barrio de Belém.







Os recuerdo que en Lisboa una vez que se sube a cualquier transporte público, lo primero que hay que hacer es timbrar vuestra tarjeta de transporte si no queremos tener ninguna sorpresa, y en caso que no tengáis tarjeta, dentro de los tranvías hay máquinas expendedoras para comprar el billete de transporte por el mismo precio. El trayecto fue cómodo y tranquilo pero la sorpresa vino cuando en vez de dejarnos en el barrio de Belém, el tranvía hizo parada mucho antes y dejó de circular delante del Museo del Ferrocarril desconociendo los motivos, por lo que nos tuvimos que bajar toda la gente allí y coger enfrente un autobús que nos llevara a nuestro destino, dónde tuvimos que esperar 20 minutos y muchísima gente se quedó en tierra de las aglomeraciones que había, y los que tuvimos la suerte de subir al autobús hicimos el trayecto de unos 10 minutos apretados y embullidos como si de una lata de sardinas de tratara.

El autobús nos deja casi en las puertas del Monasterio de los Jerónimos, que junto a la Torre de Belém, son las atracciones turisticas más importantes de este barrio. No son ni las 10h de la mañana y ya hay bastante cola de gente para entrar, yo tenía entendido que los domingos hasta las 14h de la tarde las atracciones turisticas de Lisboa eran gratuitas, pero no es así, ya que solamente sucede el primer domingo de cada mes, pero no el resto de semanas.

Mi primera visita será al Monasterio de los Jerónimos, de estilo Manuelino y que se construyó para commemorar el regreso de Vasco de Gama de la India, y la visita se diferencia en dos partes bien diferentes, su iglesia y su claustro. La visita a la iglesia es gratuita, no es así para visitar su maravilloso claustro, que cuesta 7 €. Existe una entrada combinada para visitar el claustro y la Torre de Bélem por 10 €, o incluir también el Palacio de Ajuda por 13 € en total.

Como para visitar el claustro había una cola enorme de gente, decidí primero visitar su maravillosa iglesia, dónde aparte de apreciarse la majestuosidad de su nave central con sus columnas talladas a mano, podremos visitar a cada lateral de nuestra entrada las tumbas de Vasco de Gama y Luís de Camoes.










En el momento de mi visita estaban oficiando una misa y no se podía visitar por libre, así que una simpática señora me invitó a sentarme un rato a escuchar la misa mientras me iba explicando desinteresadamente todas las particularidades de la iglesia, y un tato después me despedí amablemente de ella dándole las gracias por todo y seguir mis visitas del día.

Al salir de la iglesia continuaban las enormes colas para visitar el claustro, así que decidí postponer la visita para otro momento y me fui caminando hacia mi siguiente visita, el Monumento a los Descubridores, situado prácticamente enfrente y solamente había que caminar unos 400 metros.

Este maravilloso y bonito monumento de 52 metros de altura y con forma de carabela, se construyó en 1.960 para conmemorar el 500 aniversario de uno de los grandes descubridores del país, el infante Henrique el Navegante, descubridor de las Islas Azores y Madeira, entre otros. Se puede acceder hasta arriba del todo en ascensor y su precio es de 3 €, dónde se tienen unas vistas estupendas del barrio de Belém, así como el mosaico de mármol de 50 metros de diámetro que hay a pie del monumento de la Rosa de los Vientos, aunque yo prescindí de la subida. Las vistas del Tajo y del Puente 25 de Abril desde este lugar son maravillosas.












Apenas a 900 metros de aquí y tras un bonito paseo bordeando el Tajo se llega a la Torre de Belém, también de estilo Manuelino y Patrimonio Cultural de la UNESCO, dónde inicialmente sirvió de torre de defensa de la ciudad. La entrada individual cuesta 5 € pero existe la entrada combinada que os explicaba antes.

Aquí coincido con una pareja de españoles (Lisboa está lleno de españoles y muchos por cierto, muy maleducados) y estamos un rato charlando, hasta que ellos deciden hacer cola para visitar su interior y yo me conformo visitándolo solamente por fuera, mientras hago una parada en una terraza cercana para tomar algo aprovechando el día tan bueno que hace, aunque por esta zona hace bastante aire y frio dada su cercanía con el rio.








La gente aprovecha para comer ya aunque yo prefiero apurar un poco más y hacerlo más tarde, así que sigo paseando por la zona tranquilamente, hasta que llego caminando de nuevo hasta el bonito Monumento de los Descubridores, dónde ahora es imposible sacar fotos en condiciones debido a toda la gente que hay, aunque a muchos no les importa y me paso un rato haciéndole fotos a unas chicas asiáticas y a una amable pareja de italianos, con la que comparto un rato de conversación y consejos sobre la ciudad.




Vuelvo de nuevo hasta el Monasterio de los Jerónimos pero sigue habiendo mucha cola para entrar al claustro, así que no me apetece perder tanto tiempo allí y mi intención es volver en otro momento, así que me conformo con visitarlo por fuera y sorprenderme ante tal maravilla arquitectónica.









Mi siguiente parada es la cercana pastelería de Belém para probar los conocidos y merecidísimos Pastéis de Belém, abierta desde el año 1.837 y con una producción de más de 15.000 pasteis cada día, y como es obvio, la receta sobre esta exquisita joya gastronómica sigue un secreto a día de hoy, así que cuando llego la cola de gente que hay en la puerta dobla prácticamente la esquina, y eso que lo tienen bien montado y hay dos filas, una para entrar al interior del local y consumir sentado en una mesa, y otra fila solamente para acceder al local y comprar cualquier pack para llevar. Después de estar más de 20 minutos esperando y haciendo cola, me canso y me agobio de esperar entre tantos asiáticos haciéndose selfies con los palitos porque tengo hambre y no estoy en el mejor lugar para engañar a mi estomago, y decido volver mañana antes de coger el vuelo para casa, así aprovecharé para llevar a la familia.





Cruzo la calle y enfrente está la parada de tranvía, así que cinco minutos después me estoy subiendo en el número 15 que me deja en la Plaza del Comercio media hora después, así que sin entretenerme mucho cojo la Rua Augusta y me planto en el mismo restaurante donde estuve comiendo ayer, aunque para mi sorpresa el local está cerrado. Sigo caminando hasta llegar a la estación de Rossio dónde enfrente se encuentra el restaurante Beira Gare, pero al llegar me lo encuentro cerrado a cal y canto por descanso semanal, así que empiezo a mosquearme conmigo mismo y decido volver para atrás maldiciendo que cierren hoy domingo los lugares donde quiero comer, hasta que llego al restaurante Café Nicola, dónde me recibe un camarero con pajarita y cuando empiezo a ojear la carta que tienen en la terraza no tengo más remedio que salir escopeteado de allí si no quiero dejar empeñado almenos mi reloj, ya que todos los platos son muy caros y la calidad es normal.



Sigo caminando y a un par de calles de dónde comí ayer, encuentro un restaurante muy pequeño que está a tope y se ve bastante sencillo, y por mi experiencia en otras ciudades del mundo, en este tipo de locales que pasan totalmente desapercibidos y no son muy turisticos es dónde se come mejor, así que como se ha puesto a llover decido arriesgarme y quedarme aquí, dónde el local dispone de unas cinco mesas y una pequeña barra, y tengo la suerte que se va una pareja y me acomodan la mesa rápidamente.

Aunque hoy es domingo y no hay menús, la carta no dispone de muchos platos pero aún y así me pido un bife con guarnición y una cerveza, y aunque la comida estaba muy buena, no tiene nada que ver con la excelente carne argentina que tuve la suerte y el placer de disfrutar años atrás durante mi viaje a Argentina y Patagonia.



El precio sin postres ni cafés fue de 14,50 €, creo que un precio algo carillo para lo que he ido pagando en Portugal durante una semana, pero también es cierto que hoy es fin de semana y que en Barcelona posiblemente sea mucho más caro, pero lo más importante es que comí bien y salí satisfecho.

Cuando salgo por la puerta del bar está lloviendo a mares, es la primera vez que me pilla la lluvia en todo el viaje y he tenido mucha suerte, así que mientras espero si amaina un poco debajo de un edificio mientras me fumo un cigarro y comprobar que de cada vez llueve más, y viendo que son más de las 17h de la tarde, decido ir hasta la estación de metro de Restauradores y coger el metro hasta mi alojamiento, dónde aprovecharé para descansar un poco y poner a cargar la batería de la cámara de fotos, esperando tener la suerte de volver a salir sin lluvia.

Finalmente vuelvo a salir sobre las 19h de la tarde que es cuando ha dejado de llover, y como ya es noche cerrada y domingo por la tarde que está todo prácticamente muerto, decido coger de nuevo el metro aprovechando que tengo mi tarjeta Viva Viagem y en 10 minutos me planto de nuevo en la Plaza del Comercio, dónde decido hacer unas fotos nocturnas de toda la zona de La Baixa.












Mientras voy paseando por las calles desiertas de la ciudad mirando las pocas tiendas de souvenirs que hay abiertas, y como no quiero llegar tan pronto a mi alojamiento, me decido ir a la Plaza de Figueira que está contigua a la Plaza do Rossio y cojo el tranvía número 28, dónde por el intervalo de una hora voy recorriendo los lugares más emblemáticos de la ciudad tranquilamente y sin bajarme, como si fuera un bus turistico pero en tranvía, pero con dos finalidades principalmente como son hacer tiempo y estar entretenido, y descubrir algún rincón nuevo de la ciudad que desconociera, aunque fuera de noche, para poder visitarlo mañana tranquilamente.

Una hora después aproximadamente estoy de nuevo en la Plaza de Figueira, dónde me voy caminando hasta la cercana estación de Restauradores aunque por el camino me paro en una cafetería a tomar un café con leche (1,20 €) que me quite un poco el frio y humedad que hace, aprovechando para comprar un capricho en forma de bollería para después de ducharme, y poco después estoy cogiendo de nuevo el metro hasta mi alojamiento, dónde llego a las 22:30h de la noche y sin un alma por sus solitarias calles.

DÍA 4.- LISBOA - OPORTO - BCN

Empieza mi último día en Lisboa y en Portugal, así que después de hacer mi equipaje y de encontrarme de nuevo con Ana y Gaelle, hago el check out dejando mi equipaje en su oficina ya que mi vuelo no sale hasta las 21:30h de la noche, así que tienen el detalle de dejarme unas llaves del edificio para entrar y salir del alojamiento cuando quiera, y no tener que preocuparme si van a estar esperándome o no voy a encontrar a nadie a mi vuelta.

Lo primero que hago es ir a desayunar al mismo sitio que el primer día y que hoy está abierto sin problemas, aunque hoy solamente me pido un café con leche y una pasta (2,40 €), y poco después me dirijo por última vez a la estación de Marqués de Pombal, dónde recargo mi tarjeta para que me sirva para ir esta tarde al aeropuerto, y en vez de coger el metro allí mismo y como hoy tengo todo el tiempo del mundo y la mayoría de visitas realizadas, decido recorrerme a pie toda la Avenida de la Libertad, una de las calles más atractivas y mejor cuidadas de la ciudad de poco más de un kilometro de longitud, llena de firmas y tiendas de primer nivel y encantadores cafés a cada lado de la calzada.






Al cabo de un buen rato llego de nuevo a la Plaza de Figueira y decido coger el tranvía para visitar de nuevo el barrio de Alfama y sobretodo, el Castillo de San Jorge, dónde he dejado  la visita para el día de hoy para intentar tener la suerte de no coincidir con muchos turistas, así que el truco me sale bien y desde aquí no hay problema para subir en el tranvía y coger asiento, siendo mucho más díficil hacerlo en las siguientes paradas.






Si no queréis hacer todo este trayecto caminando hasta llegar aquí, es posible acortar mucho las distancias y llegar más rápido ya sea en metro, o cogiendo el Elevador de Glória, que conecta el Barrio Alto (dónde tengo mi alojamiento) desde la Rua San Pedro Alcantara hasta la Plaza de los Restauradores, superando las inclinadas pendientes de las calles lisboetas.

Es importante saber que el trayecto no queda cubierta con la tarjeta Viva Viagem y que se paga aparte, y su precio es de 3,60 € por trayecto. Su horario es de 07h a 23:55h, aproximadamente.








Finalmente cojo el tranvía número 12 y en poco más de diez minutos está haciendo la parada al lado del Mirador de Santa Lucía, dónde simplemente hay que subir dos calles y de seguida se llega al Castillo de San Jorge, situado en lo más alto de la ciudad entre los barrios de Castelo y La Alfama, cargado de mucha historia desde los tiempos de los visigodos hasta la actualidad, y dónde la visita te puede llevar tranquilamente toda una mañana o más. Su horario es de 09h a 18h y el precio de la entrada es de 8,5 € (desde el 1 de enero del 2016 han subido 1 € la tarifa) y es posible, como en mi caso, poder pagar con tarjeta de crédito sin comisión alguna.



Pero si por algo es recomendable la visita al Castillo de San Jorge, aparte de visitar su interior, es de las maravillas vistas que hay desde él a cualquier punto de la ciudad, quedando totalmente justificdo y amortizado el precio de su entrada, aunque el lugar esconde otros maravillosos rincones que merecen ser visitados con total tranquilidad y si es posible, casi en solitario, como fue mi caso y por eso recomiendo a todo el mundo que madrugue un poco y que lo visite a primera hora si es posible antes de que llegue la marabunta de turistas y pierda su encanto.






































Desde el Castillo de San Jorge podemos tener unas vistas previlegiadas prácticamente de todos los monumentos más importantes de la ciudad, como es La Baixa con su Plaza del Comercio, la Plaza do Rossio, el Puente 25 de Abril, el Convento do Carmo, así como las maravillas callejuelas que conforman el barrio de La Alfama y el horizonte de Graça.

Una visita 100% recomendable y un must see en una visita a Lisboa la primera vez.

Mi visita la hice tranquilamente en poco más de 3 horas, para mi tiempo suficiente ya que tampoco puedo entretenerme todo el día, pero cada uno sabrá el tiempo que le destina a esta gran joya, pero para mi suficiente y más teniendo en cuenta que ahora hay bastante gente y que cada vez llegan más.

Mi siguiente parada es deleitarme y perderme de nuevo por las calles de La Alfama sin rumbo fijo y sin mapa que seguir, el barrio antiguo de pescadores, bohemio, de tascas y sobretodo de fados, dónde es posible pasar por delante de algún local y sentir los acordes de una viola que invita a quedarse allí embobado ante tal maravilla para nuestros oidos y que te está pidiendo a gritos que entres al interior del local.



























Después de recorrerme prácticamente todas las maravillosas calles del barrio, vuelvo de nuevo hasta el Mirador das Porta do Sol, a estas horas bastante animada gracias a los artistas callejeros que se ponen a tocar allí guitarra en mano, y dónde aprovecho para comprar algún souvenir para la familia y para ir despidiéndome de la ciudad poco a poco desde las alturas, y es que al contrario de lo que erroneámente pensaba, Lisboa es una de las ciudades más encantadoras de Europa y eso que ya iba advertido por varios compañeros de trabajo que habían estado anteriormente y siempre me hablaban maravillas de la ciudad, así que por fin he podido desquitarme de tan pesada losa que me perseguía sin cesar.







En teoría debería ser la hora de comer y en La Alfama sería el lugar ideal para hacerlo, pero como hoy voy a pasar la noche de aeropuertos, prefiero apurar un poco más y quiero insistir en comer en el restaurante Beira Gare que ayer encontré cerrado.

Sigo bajando por La Alfama hasta llegar al Mirador de Santa Luzia, dónde decido hacer un alto en el camino para que mis maltrechos pies descansen un poco mientras me tomo algo en el mismo lugar que lo hice hace dos días, con unas vistas previlegiadas del Tajo.






La verdad es que estoy tan petado de la semana que llevo pateando las dos ciudades más encantadoras y turisticas de Portugal como son Oporto y Lisboa, que me hubiera quedado todo el día en la terraza del restaurante, pero todavía hay cosas que hacer y visitar, así que voy bajando tranquilamente y de seguida llego de nuevo a la Catedral de la Sé, de la cual me despido haciendo algunas fotos y deseando volver a vernos algún día, hasta que llego a la Rua Augusta, que recorro de nuevo dejando atrás a todos los buscavidas de los restaurantes turisticos, hasta que por fin llego al restaurante Beira Gare, hoy si que está abierto pero que a pesar de ser casi las 15h de la tarde, sigue petado de gente pero tengo la suerte que me colocan en una esquina del local compartiendo mesa con una pareja mayor que se están metiendo una mariscada entre pecho y espalda, y dónde mis ojos se van detrás de los frescos langostinos que se están metiendo.

El local es bastante curioso, es grande pero aquí se comparte mesa con desconocidos, dónde hay una gran pizarra anunciando sus especialidades, que las más conocidas son las bifanas y salgados que están espectaculares, aunque también pude presenciar otros platos que tenían una pinta estupenda, sin olvidar la mariscada de los que tenía al lado.

Yo como soy de clase obrera y estoy en los últimos coletazos de mi viaje, y aunque reconozco que soy de buen comer y me encanta comer de toda la gastronomía de los países que visito, también es cierto que no le doy demasiada importancia al apartado gastronómico, ya que mis viajes no son expresamente para conocer la gastronomía de un país ya que me es totalmente indiferente comer una cosa que otra, siempre y cuando no sea comida de mi internacional, ya que prefiero la comida local.

Así que mi elección estaba clara, una bifana de carne con una cervecita fresquita Sagres del país, y que pude devorar en un abrir y cerrar de ojos. El precio fueron 5,80 € y aunque no es caro para nada, teniendo en cuenta que estamos hablando de Portugal y que no deja de ser un bocadillo de carne con una cerveza, creo que de precio es muy similar a nuestra ciudad.



Con la barriga llena se piensa mejor, así que volví de nuevo a la Plaza del Comercio por la Rua Augusta y volví a coger el tranvía número 15 para llegar de nuevo al Belém, que aún sabiendo que hoy las atracciones más turisticas de esta zona estaban cerradas por ser lunes, me apetecía volver a pasear tranquilamente y saldar una deuda que tengo pendiente.

Estoy un rato visitando la maravillosa fachada del Monasterio de los Jerónimos, una joya que nunca se cansa uno de observar y que es impresionante, sobretodo si se tiene la suerte de poder escoger este día para visitarla con tranquilidad porque apenas hay nadie, salvo algún turista perdido que todavía no sabe que los lunes permanece cerrado, o de alguna otra persona que quiere pasear tranquilamente por la zona.










Ahora toca saldar mi cuenta pendiente con los Pasteis de Belém, dónde me acerco al local y aunque ya no hay la cola de gente que había el día anterior continua estando abarrotado, menudo negocio tienen montado esta gente, así que finalmente desisto de tomarme un café allí mismo porque está todo lleno de asiáticos haciéndose fotos y espero mi turno para comprar en la pastelería, dónde acabo comprando una cajita de 6 pasteis para llevarme a casa (6,30 €) y en el que se puede pagar con tarjeta de crédito sin problemas y sin comisiones.



Ya empieza a hacerse un poco tarde y empiezo a emprender el duro regreso, así que vuelvo a coger el tranvía que me lleve de nuevo a la Plaza del Comercio no sin antes exponer la anécdota/denuncia que me pasó durante el trayecto en el tranvía, y es que tanto yo como unos turistas italianos conseguimos asientos solamente subir al tranvía porque apenas estaba lleno y a medida que iba haciendo paradas se iba llenando de gente, así que no dudé en ceder mi asiento a una persona mayor que acababa de entrar y aunque al principio no me lo aceptó, gracias a mi insistencia acabó cediendo y me lo agradeció, y yo contento a pesar de tener que pasarme el resto del trayecto de pie. Los chicos italianos no tuvieron la misma idea que yo y ellos preferían ir sentados mientras navegaban por internet con sus móviles fashion de Apple sin querer darse cuenta de la gente mayor que iba de pie, así que una mujer se lo reprochó a los dos pero ellos no hicieron caso alegando que no entendían el idioma mientras se sonreian entre ellos, pero si algo hay en este mundo hipocrita que no soporte son las injusticias así que me dirigí a ellos y tanto en inglés como en italiano les pedí por favor que tuvieran un poco de respeto y que cedieran sus asientos, y al final aceptaron de muy mala gana y ante los reproches de los de allí presentes, se bajaron en la siguiente parada.

Con esto no quiero mostrar quienes son los héroes o los malvados, simplemente pido que no solamente cuando viajemos sino en nuestro día a día tengamos más respeto y más valores, y que con un pequeño gesto se puede ayudar y hacer feliz a mucha gente, y más cuando el país no es el nuestro.

De nuevo en la última parada del tranvía, en la Plaza de la Figueira (la parada posterior a la Plaza del Comercio), y siendo casi las 17h de la tarde doy por finalizada mi visita a la ciudad, cojo el metro en la Plaza do Rossio y en 15 minutos ya estoy de nuevo en mi alojamiento, dónde tengo la suerte de que todavía está Ana y Gaelle, dónde charlamos un rato mientras nos tomamos un café juntos y pasadas las 18h nos despedimos con un fuerte abrazo, y es que me han hecho sentir parte de la familia en estos días que he estado alojado allí.



De nuevo en la estación Rato cojo el primer metro que pasa y hago transbordo en la estación Saldanha, enlazo con la línea roja y de allí directamente al aeropuerto, en un trayecto total de unos 40 minutos que se hacen bastante cómodos ya que los vagones son bastante amplios y no hay mucha gente, ya podría aprender Renfe de sus trenes en la estación de el aeropuerto de El Prat, dónde de cada día que pasa el servicio es más pésimo.


Una vez en el aeropuerto compruebo que mi vuelo a Oporto sale desde la T2 y me encuentro en la T1, así que hay que subir un nivel y salir a la calle y desde allí salen unos autobuses lanzaderas que te llevan gratuitamente a la otra terminal en un trayecto de unos 10 minutos que se me hacen eternos porque el autobús va a reventar de gente y es imposible moverse.

Una vez en la minúscula T2 de Lisboa, dónde solamente operan vuelos de Ryanair y Easyjet paso los controles de seguridad y a esperar de pie a que salga mi vuelo, ya que la terminal es demasiada pequeña y solamente dispone de un Mc Donalds y una pequeña tienda de souvenirs, y además está petada de gente, y para más inri mi vuelo sale con 30 minutos de retraso, suerte que fui previsor y en Oporto tengo algunas horas de margen para coger mi vuelo hasta Barcelona, que sale a primera hora de la mañana.

Los trayectos y la vuelta a casa sin importancia y sin incidencias, finalizando esta pequeña escapadada a nuestro país vecino, ignorado durante muchísimos años por mi parte pero un país muy recomendable para visitar, sobretodo ahora que se aproximan los días de Semana Santa y vacaciones, una excusa perfecta para poder visitarla.

Obrigado y bom viagem, Lisboa!!


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